Quiero hacerme vieja sin dejar la integridad por el camino. El futuro quizás puede no ser mejor que el pasado pero si me empeño puedo aprender a caminar con tacones sin hacer ruido y a mirar a los ojos a las personas sin corazón, que ya es más de lo que he hecho hasta ahora. Siendo consecuente con lo que pienso no aparecerán las arrugas del espíritu, que son las peores, y creer en que al aprender un paso de claqué se desprenderán chispas del suelo ayuda un poco, solo a veces, a que las cosas fluyan por dentro sin que duelan las muelas ni la barriga por los nervios.
